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Editorial                                                           
03/04/2009 20:10 Versión para imprimir
COMUNICADO DE ATTAC CATALUNYA ANTE LA CUMBRE DE LONDRES
Este tipo de reuniones se están convirtiendo en una especie de catarsis internacional y de reafirmación de liderazgo político por parte de algunos países, ya que está fuera discusión realizar los cambios estructurales indispensables para detener la continua destrucción del capital productivo iniciada tras la adopción del ajuste estructural a la economía mundial en la década de los 80.

La reunión del pasado 2 de abril del G20, continuación de la celebrada en Washington el pasado 15 de noviembre, no nos aporta muchas novedades. Este tipo de reuniones se están convirtiendo en una especie de catarsis internacional y de  reafirmación de liderazgo político por parte de algunos países, ya que está fuera discusión realizar los cambios estructurales indispensables para detener la continua destrucción del capital productivo iniciada tras  la adopción del ajuste estructural a la economía mundial en la década de los 80.

 

Esta Cumbre se ha desenvuelto en un clima global de exasperación y de desaliento popular debido al fracaso de las políticas económicas aplicadas, que todavía encuentran eco en un escenario político global, marcado por el neoliberalismo.

 

Mas allá de insistir en su tono ampuloso y de frases huecas de significado real, tantas veces  pronunciadas en vano, el nuevo Comunicado del G20 no difiere mucho del que este organismo hizo hace unos meses en Washington,  ya que los países lideres del sistema siguen moviéndose en el terreno pantanoso de las contradicciones y en los errores de  análisis y de diagnóstico sobre las causas de la crisis.

 

No podía ser de otra forma, al reafirmarse y proponernos, como única salida de la crisis, los  postulados básicos de la desacreditada ideología neoliberal : la defensa de los principios del mercado, el régimen de libre comercio e inversión, la libertad prácticamente incondicionada de circulación de mercados financieros y la garantía de rentabilidad de los accionistas de las instituciones financieras, como objetivos prioritarios.  

 

Como consecuencia de esta confirmación de principios, las recetas y medidas que proponen ahora los líderes de los países líderes del sistema, siguen siendo  inadecuadas, cuando no contraproducentes, para la mayor parte de los ciudadanos del planeta. Y es que  estos gobiernos del G20 no comprenden, o no quieren comprender,  las causas o raíces de la crisis de la que son responsables: una crisis total y sistémica , que emerge en el contexto de la  convergencia de las crisis financiera, económica, climática, alimentaria y energética, y que afecta al sistema de producción,  a todos los países del mundo y a todos los aspectos de  la supervivencia humana.

 

Por ello, la actual Declaración actual  del G20 además de carecer de credibilidad , está llena a menudo de cinismo y de ambigüedad, como puede observarse al analizar su alcance  general y las principales medida propuestas.

 

Parecería de la exposición general del  comunicado, que la crisis en la que estamos sumergidos es una plaga que ha caído sobre la humanidad , que no tiene causas ni causantes, y que por tanto requiere el esfuerzo de todos.

 

Se afirma que “la prosperidad es indivisible y el crecimiento debe ser compartido”, pero no han sido estos los criterios que han primado en la gobernanza mundial durante los últimos treinta años de neoliberalismo. En este periodo los países líderes del G8, y ahora del G20, han sido los impulsores del aumento de las desigualdades sociales mundiales, de la distribución desigual de la riqueza, del aumento del hambre y de las enfermedades  en los países más desfavorecidos, de la mercantilización de las actividades humanas; de la privatización de  los servicios públicos , de  la liquidación de los sistemas públicos de protección social, y de la apropiación  de los recursos mundiales y la destrucción del planeta.

 

  

Restaurar el crecimiento y el empleo

 

Esta afirmación carece de credibilidad, tras los acontecimientos recientes que estamos viendo  y la deriva en las prioridades por parte de la mayor parte de los gobiernos a la hora de afrontar la crisis.

 

Lo que parecía “controlado“ tan solo hace unos pocos meses, nos ha llevado,de la noche a la mañana, a un proceso mundial de estancamiento o incluso de recesión en las economías industrializadas de Europa y EEUU, con consecuencias tales como la destrucción del tejido productivo, el aumento del desempleo hasta cotas explosivas, la pérdida de poder adquisitivo de las familias o el deterioro de las condiciones sociales y ambientales. El efecto sobre el aumento de la pobreza en el mundo está siendo y va a ser especialmente significativo, como reconocen todos los organismos internacionales. Todo ello está contribuyendo a la profundización de las desigualdades y a la discriminación social, así como a aumentar la brecha y la desigualdad entre países y capas sociales.

 

No hay un consenso entre los principales países, ni dentro de la UE sobre la aplicación de los Planes de Estímulo y de aumento del gasto público y lo único que sabemos es que desde la última reunión del G20 se han seguido aplicando ingentes recursos en planes de rescate por parte de los gobiernos de EEUU, la UE y otros países, que en nada han contribuido, sino todo lo contrario, a  restablecer la confianza de la economía mundial ni tampoco de los mercados financieros. En efecto desde el inicio de la crisis, las bolsas de todo el mundo han perdido más de 30 billones de dólares de capitalización, es decir más que el Producto Interior Bruto de EEUU y Europa juntos y sólo en España la pérdida se cifraba recientemente en la cantidad de  338.000 millones de euros, equivalente a un 32% del PIB. Es decir, la intervención masiva de las autoridades públicas en los programas de rescate bancario solo ha servido para realimentar el proceso de financiarización de la economía y para enterrar varios billones de dólares, pero no para levantar la economía real o evitar su derrumbe.

 

Por lo que a la Unión Europea se refiere,  no parece creíble que estos planes de estímulo puedan ser aplicados, mientras no se modifiquen las funciones actuales que tiene el Banco Central Europeo, lo que iría de la mano de la elaboración de un nuevo Tratado que sustituyera el proyecto vigente de entrada en vigor del Tratado de Lisboa, que aún no ha sido ratificado por todos los países de la UE. 

 

En cuanto a las previsiones sobre la evolución de la economía mundial que nos ofrece una vez más el FMI o el BM, tras tantos pronósticos equivocados una y otra vez a lo largo de los últimos meses, poca confianza pueden inspirarnos.

 

 

Fortalecimiento de la supervisión y la regulación financieras. ¿Abolición de los paraísos fiscales?

 

Al menos en la actual Declaración del G20 se admite  que “los grandes fallos en el sector financiero y en la regulación y la supervisión financieras fueron causas fundamentales de la crisis “ y se proponen nuevas medidas para crear un marco supervisor y regulador más fuerte y globalmente más coherente para el futuro sector financiero. Claro que hasta que no se pongan en vigor estas medidas no sabemos hasta donde se va a llegar en la voluntad de promoción del “decoro, integridad y la transparencia” propugnadas.

 

En todo caso, no parece que se hayan dado pasos significativos en el objetivo de la trasparencia, al menos por lo que se refiere a meter mano y abolir los paraísos fiscales, donde hay más de un millón de sociedades amparadas en el anonimato y se esconden entre 7 y 14 billones de dólares. En principio, todo el mundo parece estar de acuerdo en resolver esta escandalosa situación, pero tanto los gobiernos más poderosos del mundo, como los que amparan a las llamadas “jurisdicciones no cooperativas , incluidos los paraísos fiscales “ no hacen nada por  resolver el problema.  

 

Un vez más, la decisión tomada el G20 es la de mirar para otro lado o dar largas al asunto : como mucho, cabe pensar que tal vez sean sancionados algunos paraísos considerados como ”criminales “ o se pedirá que los países implicados tomen unas medidas mínimas. Ni siquiera la OCDE ha podido presentar en esta reunión del  G20 una lista negra definitiva de territorios no cooperativos ,convenientemente depurada. En la lista de los paraísos fiscales no constan los más importantes, Jersey y las demás islas normandas, dependientes de la soberanía británica, Suiza, Luxemburgo, Hong Kong, Macao,... A parte naturalmente de los Estados de la UE, Austria, Bélgica, Holanda, Irlanda y, el más importante, la City de Londres.  

 

Una economía abierta. Resistir al proteccionismo y promover el comercio y la inversión mundiales

 

A pesar de desmentirlo los datos,  la Declaración del G20  sigue insistiendo en las bondades del actual comercio internacional, como forma de genera crecimiento sostenido y prosperidad mundial, internacional, y en seguir adelante en desmantelar las barreras existentes  a la inversión y el comercio de bienes y servicios. En el origen de estas afirmaciones tan rotundas está la intención de sacar adelante la bloqueada  Ronda de Doha de liberalización del comercio internacional, cuyo  interés es  compartido por los países más industrializados del G20 y en particular por EEUU y la UE, pero que cuenta con el rechazo de los países más empobrecidos y de muchos países emergentes. En el fondo del problema esta la voluntad de proseguir con la imposición de normas comerciales, cuyo resultado  compromete seriamente las políticas autónomas de los  países en desarrollo para luchar contra la pobreza y asegurar su soberanía alimentaria y hacer frente a la crisis alimentaria mundial . La excepcional gravedad de esta crisis alimentaria puede disparar la hambruna y poner en entredicho el suministro y acceso a los alimentos fundamentales, incluso en amplias capas de nuestro entorno.

 

Garantizar una recuperación justa y sostenible para todos

 

Tal vez este sea el punto más falaz de la Declaración del G20, el del establecimiento de las bases de una economía mundial justa y sostenible y la reducción de las desigualdades sociales en el mundo, aunque sean  las más perentorias. La iniciativa de dotar un fondo adicional de  1,1 billones de dólares de apoyo para restaurar el crédito, el crecimiento y el empleo de la economía  mundial no va a resolver en ningún caso esta situación, pues sea cual sea la aplicación de los fondos, siempre van a venir condicionados como ha ocurrido en otras ocasiones, bien para financiar el comercio de los países ricos, bien para impulsar nuevas inversiones que benefician de modo prioritario a las corporaciones internacionales .

 

Este tipo de manifestaciones tan rimbombantes por parte de los países más ricos del mundo, nunca han tenido efectividad, ni se ha terminado dotando de fondos reales para afrontar los problemas, trátese del compromiso “histórico” de alcanzar los Objetivos del Milenio, una y otra vez  arrinconados y olvidados; de la resolución de la crisis de la deuda de los países empobrecidos, en desarrollo y emergentes o de la resolución del impacto  de la crisis sobre los países  más vulnerables como ahora se pretende.

 

Están pendientes de aplicación todavía  los acuerdos de Gleneagles, para los países más pobres del planeta y no se están tomando ningún tipo de medidas para afrontar la  crisis emergente de la deuda que se está produciendo en el Sur como  consecuencia de la explosión de la burbuja de la deuda privada inmobiliaria en el Norte.

 

Por lo que se refiere a la resolución de la crisis climática y ecológica las recientes resoluciones adoptadas tanto en la Unión Europea, como  en otros países no van en la dirección de reducir los riesgos ecológicos, entre otras razones porque se sigue dando pábulo a fondos especulativos que contribuyen a la degradación climática.

 

 

Falta de presencia y de representación de los países del Sur

 

A pesar de las varias menciones que se hacen en esta Declaración de Londres, al igual que ocurrió  con la de Washington hace unos meses, no hemos visto ninguna  propuesta de creación de mecanismos  que incorporen la voz y  los intereses reales y efectivos de los países del Sur, países que cuentan actualmente con una representación muy desproporcionada y baja en todos los foros e instituciones  financieras internacionales.

 

Nos preocupa que a través de la institucionalización de estas Cumbres, organismos como el G20 y los países dominantes que marcan su paso, quieran erigirse en una especie de mandatarios o de Directorio fáctico de los destinos de este mundo en crisis, suplantando de esta manera funciones y poderes que deberían corresponder a instituciones de talante más democrático y participativo, como son las Naciones Unidas. De esta forma un puñado de  países lideres que concentran el  60 % del control de las instituciones financieras actuales y de la riqueza mundial y un porcentaje similar de los flujos económicos y financieros, están asumiendo de forma arbitraria, prerrogativas para hacer y deshacer los cambios que estimen oportunos en función de sus intereses.

 

Attac Catalunya

 

3 de abril de 2009